jueves, 27 de abril de 2017

HASTA QUE LA MUERTE NO NOS SEPARE!



Dicen por ahí que el amor no es eterno.
También dicen que hoy estamos mañana no sabemos.
Cuando una pareja se enamora indefectiblemente
sueña aunque no lo diga que sera para siempre.

La historia que contare a continuación es real
es una de esas historias que son de la llamadas
para siempre.

Una hermosa historia de amor
que a mi entender trasciende la fronteras de la vida.

Se trata de dos argentinos unidos por 70 años


Isaac Vatkin siempre cuidó de su esposa, Teresa, desde que se conocieron en una fiesta familiar en Argentina. Se casaron hace casi 70 años, tuvieron a sus tres hijos en Villa Urquiza y en 1968, siempre juntos, tomaron la difícil decisión de irse a Estados Unidos "en busca de un futuro mejor". Tanto la cuidó Isaac que, a medida que su propia muerte se acercaba, se aferró a la vida con el tempo de la salud de su esposa, muy deteriorada por el Alzheimer. Y tanto la cuidó Isaac, que murió 40 minutos después que ella, apenas su manos se soltaron en ese cuarto del Highland Park Hospital, de Chicago.

"Decidimos sacarles la máscara de oxígeno por recomendación de los doctores y porque los dos habían firmado un documento en el que pedían que no los reanimaran", cuenta a este diario Clara Vatkin Gesklin, hija de la pareja que parece haber decidido dejar este mundo al mismo tiempo.

"Me dijeron que mi papá [tenía 91 años y sufría Influenza] no iba a durar mucho tiempo porque las uñas estaban violáceas y la piel le estaba cambiando de textura. Y que mi mamá [Teresa, de 89] iba a vivir más", detalló Clara y dijo que sus padres entraron al hospital con un día y medio de diferencia.
Pero Teresa murió primero, a las 0.10 del sábado, e Isaac, a las 0.50. "Mamá antes de irse abrió los ojos y hasta le cayeron lágrimas. Todos nos despedimos de ella y creo que sacó fuerzas de donde no las tenía para mantenerlos abiertos. Hasta que los cerró para siempre."
La mujer relata que en el hospital les permitieron dejar allí a su madre entre 20 y 25 minutos después de su muerte. Siempre aferrada de la mano de su esposo. "Hasta que nos dijeron que se la tenían que llevar, corrieron la cama y apenas mi mamá se soltó de mi papá vi cómo él dejó de respirar. No se le infló más el pecho", sigue y relata que salieron corriendo de la habitación para buscar al médico. Así, oficialmente, pasaron los 40 minutos entre una muerte y la otra. Pero -para la familia- "fue algo más instantáneo"

"La verdad que haberse ido juntos fue lo mejor que les pudo pasar a mis papás", dice Leo Vatkin (55) al regresar a Nueva York tras el funeral de sus padres en el Shalom Memorial Funeral Home en Arlington Heights.
"Mi mamá no sabía que mi papá estaba internado, su Alzheimer no la dejaba (se lo detectaron en 2002)", dice con tristeza y habla de "una comunicación increíble entre los dos" porque estaban en el mismo piso del hospital, a 10 habitaciones de diferencia. Pero en el momento en el que los médicos ya no los podían ayudar, les permitieron unir las camas en un mismo cuartoJusto para el final. "Al funeral fueron como 100 personas. Eran muy queridos. Para mi mamá había rosas rosas y para mi papá flores azules, estaban los ataúdes juntos. Fue una hermosa despedida", recuerda.
Isaac nació en Montevideo, Uruguay, pero de muy chico vino a vivir a Buenos Aires. "Él decía que era argentino porque así se sentía y se crió como argentino", recuerda a este diario Julio Gesklin, esposo de Clara y quien siguió a los Vatkin hasta Skokie, un suburbio de Chicago.

"Con Teresa se casaron en 1947. Cuando el menor de sus tres hijos [Leo] cumplió 7 años, nos fuimos todos a Estados Unidos. Isaac tenía 42 años y le era muy difícil el inglés. En la Argentina hacía carteras de cuero, en Chicago primero se puso un restaurante de comida rápida y después se dedicó toda la vida a su distribuidora de carne kosher, con la que repartía a todas las carnicerías de la zona", relata Julio.
"Tanto cuidaba mi Isaac a su mujer que no quería a una enfermera. cuando los hijos lo convencieron de tener una, la hacía limpiar la casa y él mismo bañaba a Teresa y la limpiaba cuando iba al baño. Su amor fue incondicional. Todos sabemos que él se dejó ir cuando supo que su mujer ya estaba en paz."
Isaac y Teresa siguieron tomando mate y haciendo asados los domingos en Estados Unidos. No eran barbecues, eran asados "como los de allá, con molleja y todo", relata el yerno de los Vatkin. "Hasta el sábado, mientras pasaba todo lo que pasó, en el hospital todos tomamos mate." Todo gracias a Isaac y Teresa. Que nunca se olvidaron de dónde venían y hacia dónde iban. Juntos.

KASPER
(HISTORIAS DE VIDA)

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